por Jonathan Perel
propuesta culinaria: elcuerpodecristo.com
1. EXT. PUERTA DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA DE NEW YORK. DÍA.
Plano detalle. Cámara en mano (subjetiva). Vemos un cartel pegado sobre el
vidrio de la puerta de entrada, en el cual se lee:
“Debido a reducciones en el presupuesto de la Ciudad, la biblioteca
permanecerá cerrada los días Lunes, comenzando el 9 de Septiembre de 2002”
Corte a:
Plano general. Cámara fija. Vemos ahora todo el frente exterior de la
biblioteca, con sus puertas cerradas. Se escucha el sonido ambiente de la
gran ciudad en un día laborable: mucho tráfico, bocinazos de autobús,
gritos de niños que salen de la escuela, algún avión sobrevuela cada tanto.
A lo lejos, sobre la puerta, aún logramos divisar el pequeño cartel rojo
que informa el cambio en los días de atención al público. Luego de algunos
segundos con el cuadro vacío (vacío de la presencia de los personajes, a la
manera de Antonioni, quizás de Ozu), un hombre de traje azul oscuro, algo
pelado, con anteojos, alto, cargado con un portafolios al hombro, entra por
derecha de cuadro (para finalmente, tardíamente, poblar aquel espacio
vacío). Camina con paso decidido, intuimos que apurado, hacia la puerta de
la biblioteca. Cuando intenta abrirla, algo parece detenerlo: está cerrada.
Insiste con fuerza. Luego, renueva su intención con mayor ímpetu sobre la
puerta contigua, pero vuelve a fracasar. Ya algo desconcertado, intenta lo
mismo contra una tercera puerta. Recién entonces, al no poder tampoco con
la última, lee muy por arriba el cartel, mira de reojo su reloj, y se
golpea con el puño la pierna en señal de fastidio, mientras una expresión
que no oímos exterioriza también el enojo, la decepción. Todo esto mientras
gira dándole la espalda a la puerta cerrada y se dispone a recorrer
nuevamente el cuadro, saliendo de izquierda a derecha. Nuestro héroe lleva
ahora un paso cansino, pesadumbrado, que deja ver algo de frustración en
el andar. Ya no es el mismo. El cuadro se vacía.
Funde a negro. Vuelve a abrir de negro a:
El mismo plano general. La misma cámara fija. Ahora vemos surcar por
nuestro ya conocido encuadre a una mujer de mediana edad, muy abrigada, con
una llamativa cartera verde. Ella sí se detiene a leer el cartel. Pero unos
instantes después, cuando intuimos que habrá terminado ya la lectura,
intenta de todas formas abrir la puerta. Con desconfianza e incredulidad se
acerca al cartel que está en la puerta de al lado, que no es más que el
mismo cartel, e intenta abrir también esta puerta. A esta altura no nos
sorprende que salga de cuadro con el andar molesto que ya nos es familiar.
Así sucesivamente, veremos un total de sesenta y ocho desprevenidos
lectores que, un Lunes, en una hora y media de rodaje, surcaron el cuadro
de derecha a izquierda, para todos sorprenderse con la puerta cerrada, y
desandar sus pasos para retirarse por donde habían ingresado. Siempre
repitiendo, con alguna (in?)significante diferencia, la misma acción. El
espectador atento apenas podrá notar pequeños cambios de luz.
La obra propone una mirada sesgada, suerte-de-anamorfosis, a la manera de
la visión de paralaje zizekiana. Un asedio, una repetición minimalista
imperturbable, sin pausa y sin variación, de pasajes ínfimos. Como en toda
simetría, el sentido está precisamente en esa mínima diferencia.
2. EXT. PUERTA DE AMORIR. DÍA.
Remixado en forma de proyección en loop, la versión de Lunes: Cerrado que
se presenta en Amorir se ha despojado de todos sus (supuestos) elementos
narrativos y de relato, de su reordenamiento dramático de tomas, de su
construcción de “suspense” (aquel que nos provoca como spectadores el
tener la información del cartel en la primera toma, verdadera declaración
de narratología hitchcockiana).
Con la puerta del espacio cerrada, y una reproducción del cartel de la
biblioteca, esta vez pegado sobre el vidrio de Durazno esquina Martínez
Trueba, la obra propone (re)poner en escena aquello que ha sido registrado.
Como forma de apropiación del espacio público de la calle. Y como gesto que
propone un diálogo (una tensión) entre formas de cerrar las puertas (que
también es decir: entre políticas culturales, o políticas a secas).
Aquella que reduce el presupuesto en Norteamérica, y decide cerrar sus
puertas los lunes. Y, al otro lado del mundo, está que decide, como
concepto curatorial, como forma de construcción de público(s), cerrar sus
puertas durante todos los días, para abrir sólo los sábados, en el ya
conocido horario de 13 a 18, precisamente cuando los visitantes parecieran
tener más disponibilidad para aprehender la obra, hablar con el artista,
compartir la comida, el evento: un tiempo otro.
Dice Hamlet: The time is out of joint. Le temps est hors de ses gonds. El
tiempo está fuera de sus goznes, fuera de quicio, trastornado, dislocado.
Como diría Derrida, lo que está desencajado es el tiempo, pero es también
la historia, es el mundo.
agradecimientos:
violeta bava / gabriel kameniecki / marcela perelman / martín sarsale / yael tujsnaider / juan angel urruzola / andrea wain / valeria weil
buenos aires-montevideo 2002-2008
duración: 34 minutos / soporte original: video digital8 color / proyección: sd dvd en loop / aspect ratio: 4:3 / sonido: stereo
contacto: jperel@mac.com / website: www.alonso-craciun.com
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